domingo, 7 de marzo de 2010

Laberinto

Mi Alma estaba vacía de toda emoción; quizás si el frío desapareciera de mi cuerpo, todo cambiaría. Pero no serviría de nada, si nadie escucha el estruendoso silencio de mis palabras, ya me cansé de gritarle al vacío.

Acurrucada en silencio contemplaba ávidamente mis manos, como si apenas las fuese descubriendo, me tocaba el rostro, las fosas nasales las cuencas de los ojos intentando descubrir algo de mi antigua belleza, que con el pasar de aquellos años recluida en aquel lóbrego laberinto la soledad y la eterna noche se había esfumado casi por completo.

Quizás aquel era el resultado de llevar aquella vida libertina que por tantos años practiqué, orgías desenfrenadas, borracheras interminables. Y esto es lo que me quedó. De qué me sirvieron todos aquellos años que perdí, si el día de hoy soy yo quien esta aprisionada entre estos interminables muros de piedra. Si ya olvidé el color del cielo y el calor de una tarde de primavera...

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